Sindicalismo de hoy.
Publicado en: Política Nacional
La historia del movimiento sindical costarricense, el cual fue por primera vez legalmente reconocido con la promulgación del Código de Trabajo de 1943, para seis años después, en 1949, adquirir un reconocimiento constitucional, parece desteñirse entre el recuerdo y la nostalgia de aquella huelga bananera de los años treintas, cuando quizás lograron su mayor gesta.
El movimiento sindical actual, en cambio, no parece ser otra cosa más que el encierro en el cual reposa la holgazanería, la vagancia y la pereza, así como todas aquellas que puedan derivar de ellas; no parece ser otra cosa que el lugar donde se retuercen aquellos abnegados como sempiternos líderes en contra del progreso, cuando este atenta contra su oficio desconocido y contra su robusto bolsillo.
Desfachatez. La reciente noticia en la que, aproximadamente, 1.400 sindicalistas y trabajadores de Japdeva solicitan $500.000 (un poco más de ¢250 millones) para cada uno, por concepto de indemnización para la concesión de los puertos de Limón y Moín, no tiene otro nombre más que el de “desfachatez”, lo cual muestra el punto hasta donde pueden llegar los abusos, el egoísmo y el descaro de algunos funcionarios públicos.
Hablar de $700 millones en un país con una cultura del despilfarro como el nuestro, lo cual condena al subdesarrollo, no parece ser en un principio una cantidad alarmante, pero conviene analizarla con calma poniéndola en perspectiva con algunos gastos en los que incurre, o debería incurrir, nuestro país.
Veamos algunos de ellos:
k El costo de la construcción del nuevo Estadio Nacional, hasta hace unos días en veremos, concedido por el Gobierno chino, es de aproximadamente $72 millones. Es decir, con el dinero que exigen los trabajadores sindicalizados en los puertos de Limón y Moín, se podrían construirse diez estadios de la misma magnitud.
k Estableciendo un salario de $1.000 mensuales, el dinero alcanzaría para contratar a 3.000 policías durante 20 años, un gasto bastante justificado en una época en la que ya no podemos salir de nuestras casas por la inseguridad en las calles, y dado que tantísimas familias sufren todos los días las consecuencias de asaltos, secuestros, tacha de vehículos y asesinatos, entre otros.
k Incluso es posible que con ese dinero sea más rentable construir un nuevo puerto en su totalidad, justamente al lado de los actuales puertos en Moín y Limón.
En tiempos en que la avaricia de los banqueros internacionales nos tiene en una de las peores crisis económicas de la historia, la codicia de los trabajadores portuarios parece no tener límite, al exigirnos a todos los costarricenses, afectados por la misma crisis, financiamiento para una vida multimillonaria, pese a las abundantes necesidades en las que se podría utilizar ese dinero.
Publicado en la Nación el 07/11/2008. Ver aquí
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