Un posible nuevo referéndum.
Publicado en: Política Nacional
El acalorado debate actual entorno al reconocimiento de una serie de derechos a la comunidad homosexual en nuestro país, ha generado diversas reacciones entre los diversos actores de nuestra sociedad, entiéndase iglesia, partidos políticos, así como diversos movimientos tanto a favor como en contra del proyecto de ley de unión civil entre personas del mismo sexo (Expediente 16.390), llamando particularmente la atención el extraño interés de los grupos opositores de someterlo al mecanismo del referéndum, lo que nos plantea importantes reflexiones, no sobre la conveniencia o no de su aprobación, sino acerca de la escogencia de este mecanismo para dirimir dicha polémica.
En una democracia como la costarricense, en la cual el respeto al principio de mayoría debe privar a la hora de resolver los más controversiales temas que sacuden nuestra agenda política, sin importar la cuantitativa diferencia entre posturas, pues mayoría simple es mayoría a fin de cuentas, no debe aceptar reclamos como los expresados por Abelardo Araya del Movimiento Diversidad, en cuanto a que lo derechos de las minorías no deberían estar a merced del voto de las mayorías, pues resultan completamente fuera de lugar en un régimen democrático como el nuestro.
No obstante, la molestia del Movimiento Diversidad en cuanto a que sea la oposición y no su movimiento, quienes buscan someter tal decisión al mecanismo del referéndum, resulta valida pero bastante ingenua, pues no analizan el fin estratégico que los grupos de oposición persiguen, además de paso libran de responsabilidad sobre un tema tan controversial a nuestros señores diputados, para que no tengan que pronunciarse sobre el mismo, no contaminando su discusión con intereses electorales ocultos y politiquerías.
Por otra parte también es posible presumir que la oposición, al someter tal decisión a referéndum, en caso de lograrse la obtención de 130.000 firmas, cantidad mínima para poder convocar la consulta, tenga plena confianza de un resultado favorable a sus intereses, puesto que lograr la afluencia a las urnas de 1,3 millones de costarricenses para que el resultado tenga un carácter vinculante, no parece ser tarea fácil, sobre todo en una sociedad llena de prejuicios como la nuestra, en la que quien vote a favor será calificado de homosexual y quien vote en contra será calificado de homo fóbico.
El referéndum sobre el controversial TLC fijó un importante referente para la democracia costarricense, y es de esperarse que el mecanismo siga siendo utilizado para dirimir los temas más controversiales como la unión civil entre personas del mismo sexo, fertilización in vitro, eutanasia, entre muchos otros, pero cuidado, este mecanismo implica una gran responsabilidad tanto para quienes lo proponen, como para quienes lo adversan, pero sobre todo para aquellos que con nuestro voto damos la palabra final.
Publicado en la Revista Democracia Digital Diario del 6 al 11 de febrero del 2009.
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