Carro nuevo resultó un perol.

Daniel Calvo & Federico Ruiz / Politólogos.

carhorse

Hace poco más de un año y luego de varias décadas de alternar entre las marca de vehículos más conocidas, cialis un millón trescientos mil costarricenses se la jugaron y decidieron cambiar el carro que tenían desde hace ocho años.

Lo cambiaron por uno nuevito de agencia, treat cero kilómetros, case de una marca con algunos años en el mercado, pero que no había logrado hasta ese momento vender un solo auto. Hasta que llegó el modelo más moderno, menos ruidoso. El que decía ser igual de austero como su antecesor y tener “el mejor equipo”.

Los costarricenses cambiaron de marca porque los modelos de las otras agencias, les parecieron anticuados y con ciertos defectos de fábrica, para así adentrarse en un camino desconocido, diferente de aquel que venían transitando con alguna seguridad —aunque con ciertos baches—, eligiendo una calle oscura y zigzagueante, que aún no está claramente demarcada.

La decisión del cambio la tomaron en una de esas “expo móvil”, que solo ocurren una vez cada cuatro años, donde los carros ahora se venden como gaseosas y se prioriza la carrocería, por encima de la marca y el motor.

La propaganda de fotos familiares y selfies, donde se les prometía que el carrito solo transitaría por las rutas de la alegría, los embarcó. Al final eligieron porque no les quedaba de otra y ahora se preguntan si, en febrero, cuando había más opciones, no existía un modelo mejor.

La alegría del carrito nuevo salido de agencia, solo les duró unas poquitas semanas, pues no tardó mucho en salirle ese sonidito raro que despierta las alarmas.

Dicen los mecánicos que parece que el ensamblaje del motor se hizo a la carrera y algunas piezas quedaron flojas o no calzan bien y esto puede que se deba a que muchas de ellas venían de una de esas marcas de toda la vida y que se habían utilizado hace unos 13 años en un modelo que, aunque fue simpático, salió malísimo.

Los problemas lastimosamente no se quedaron ahí, el sistema de luces casi no funciona, los halógenos alumbran poco cuando hay neblina y en muchas ocasiones falta visión para conducir mejor.

El GPS todavía no enciende y de tanto meter la pata, parece que ya se le daño el clutch. También, hay problemas con las marchas, cuesta muchísimo pasar de primera y cuando el carro va cuesta arriba siempre hay problemas con el radiador, que se calienta hasta tirar el tapón.

En menos de un año han fallado más de veinte piezas. El repuesto de una de ellas, lleva más de dos meses sin encontrarse y hay algunas que están tan flojas que seguro pronto habrá que cambiarlas. La mufla hace ruidos horribles porque hay un problema de combustión, producto de la mala mezcla de gasolina que viene desde la bomba de Cuesta de Moras.

Hoy nadie se quiere montar al carro y están teniendo problemas para pagar la cuota del préstamo. Los que estaban antes encantados de montarse en un vehículo del año han salido corriendo y los que todavía quedan, ya no se sienten cómodos dentro de él.

Muchos de los compradores ya quieren cambiar de carro, pero todavía les restan tres años para cancelar el préstamo a un interés muy alto.

Habrá que esperar hasta 2018 para tener nuevas opciones, de momento, ya hay temor, y muchos se preguntan si esta vez el carro nuevo resultó un perol.

Publicado en: El Financiero Edición 1022.

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