Abandonar el barco.

Los primeros dos años de la presente administración han sido sumamente difíciles y convulsos.

Las salidas de figuras de gobierno en general (especialmente del Gabinete), se han vuelto pan de todos los días. Se contabilizan once bajas hasta la fecha y se pronostica que podrían venir más.

Una gran interrogante. A la mitad del camino, más de una tercera parte de los rostros que conforman el gabinete de la presidenta Laura Chinchilla cambió y, ante tanta salida, uno se pregunta ¿por qué mejor no anunciar una reestructuración completa del gabinete, después del riguroso análisis de las metas cumplidas a dos años de administración, en lugar de permitir que sigan saliendo figuras del Gobierno día con día, lo que hace ver a esta administración como si se desplomara en efecto dominó?

Las razones de tanta renuncia. Roces entre ministras y viceministras, poco músculo político y capacidad negociación, exposiciones innecesarias, declaraciones desafortunadas, erosión de los compromisos con los que se llego en mayo de 2010, personal sumamente técnico pero poco político, el no pago de impuestos, novatadas y también un poco de chambonada.

A varios les hicieron la cama y a otros, todavía en el Gobierno, se las están haciendo en estos momentos, al único al que se le solicitó su renuncia, lo vendieron tirándolo a los tiburones, para repuntar en las encuestas.

Mala escogencia de su equipo. Es claro, la selección de fichas del ajedrez de Laura Chinchilla no fue la correcta (tanto en ministros como en otros cargos), donde se impuso la improvisación en los nombramientos y la errónea creencia de que el que resultó bueno en un determinado puesto se podría desempeñar con éxito en otro. Esto obligó, cuando no a renuncias, a traslados y ajustes a lo interno del equipo de gobierno.

Un problema de fondo y forma. Muchos de los cambios han sido justificados y necesarios, pero no han logrado oxigenar lo suficiente la actual gestión.

No obstante, el anuncio de una reestructuración completa del Gabinete hubiera brindado mayores réditos ante la prensa y la oposición, quienes lo considerarían como un ejercicio responsable de la administración, que podría haberle permitido al gobierno tomar unas bocanadas de aire fresco y el impulso que tanto necesita.

Peligroso espacio para la gradería de sol. Empero, lo realmente preocupante del asunto es que ya casi nadie quiere ser parte de este Gobierno. Es más, ya casi nadie quiere desempeñar un cargo público, no vale la pena exponerse por un bajo salario a ser tildado de corrupto y que solo por deporte nacional le destrocen a uno la vida y su reputación.

Publicado en: El Financiero Edición 869.

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