Cachimbal. ― Enrique Obregón.
Cachimbal habría logrado ser elegido al menos en ocho ocasiones.
A Juan Guillermo Brenes Castillo lo conocí en mayo de 1958, en la Asamblea Legislativa, cuando me iniciaba en mis labores como parlamentario. Él había sido elegido diputado suplente por el Partido Independiente fundado por Jorge Rossi –por la provincia de Cartago– grupo de ese partido que completaban Fernando Guzmán Mata y Fernando Volio Jiménez.
Desde el primer momento me llamó la atención las características físicas de Juan Guillermo, de rostro prematuramente arrugado por el sol y envejecido por el duro trabajo del campo. Y por la forma de hablar, un campesino de pura cepa, condición que él resaltaba con orgullo.
Sin corbata. La primera sorpresa que nos llevamos los diputados con este representante cartaginés, fue el día que se presentó para juramentarse, vestido sencillamente con una chaqueta desteñida y sin corbata; algo casi como un delito para aquella época. Esa sesión la presidía Fernando Lara Bustamante, abogado caballeroso y de gran experiencia parlamentaria, quien con voz suave, casi como un ruego, le dijo que no podía integrare a la Asamblea si no usaba corbata. No sabía el señor Lara en el enredo en que se estaba metiendo. Aquel campesino, sin estudios, era un hombre de inteligencia sobresaliente y de lógica apabullante. Parecía que, al nacer, algún espíritu con autoridad le había otorgado el título de abogado y filósofo.
Juan Guillermo, entonces, le contestó que él había sido campesino toda la vida y que la corbata no la usaba ni siquiera para manear vacas, y que ahora, en función de diputado, no iba a cometer el ridículo de usarla. Ante la insistencia –y ahora casi con tono amenazante del señor Lara– Juan Guillermo le contestó que él le obedecería si don Fernando le demostraba que la obligación de usar corbata era requisito constitucional.
Don Fernando de inmediato, suspendió la sesión y fue a consultar con los licenciados Mario Leiva y Daniel Oduber, quienes le dijeron que se olvidara de ese asunto y permitiera a Juan Guillermo no usar corbata.
Minutos después, don Fernando abrió la sesión de nuevo y dijo que el señor diputado Brenes Castillo estaba autorizado para asistir sin corbata, lo que obligó a Juan Guillermo a replicar: “Mire, don Fernando, yo le ruego que me disculpe por no estar de acuerdo con una persona tan inteligente y culta como usted; pero humildemente pienso que usted no puede impedirme que asista a sesiones sin corbata ni autorizar mi asistencia sin esa prenda de caballeros. Es mi parecer que estoy aquí, sin corbata, por derecho propio”.
Tiempo después, cuando se discutía el proyecto de ley de tierras y colonización y se pensaba en la manera de entregar tierras a los campesinos, un diputado manifestó que debería fijarse un precio para cada parcela porque nadie aprecia la tierra regalada. Entonces Juan Guillermo le preguntó: “Dígame, señor diputado, usted que es profesor universitario y abogado, ¿a quién pertenece el territorio centroamericano que está entre Nicaragua y Panamá, y los océanos Atlántico y Pacífico, esa tierra que se llama Costa Rica?”.
El diputado, sorprendido, comenzó por responderle que pertenecía al Estado costarricense; y, ante una nueva aclaración que solicitó Juan Guillermo, le respondió que pertenecía a la nación. De nuevo lo interrumpió Juan Guillermo y le dijo que como él no sabía nada de leyes, le rogaba que le explicara qué se podía entender por la nación. El diputado le contestó: la nación es el pueblo.
–¡Ah!, eso es lo que quería saber y lo que me estaba imaginando. Porque mire, si la tierra de Costa Rica pertenece a la nación y la nación es el pueblo, y los campesinos somos la representación más viva de ese pueblo, ¿cómo les vamos a cobrar a sus legítimos dueños la tierra que les vamos a entregar?
En cuatro ocasiones fue elegido diputado Juan Guillermo Brenes Castillo y siempre brilló su lógica excepcional y su inteligencia sobresaliente. No necesitó de colegios ni universidades para dar lecciones de talento político, alcanzando un récord, en cuanto a elección personal se refiere, que ni los más inteligentes y cultos hombres públicos de nuestro país lograron alcanzar jamás.
Y si en Costa Rica hubiera existido la reelección sucesiva, Juan Guillermo habría logrado, al menos, ser elegido en ocho ocasiones y un resultado digno de figurar en el libro Guinness de casos sorprendentes. Entonces, quizá, su inscripción allí no haría referencia alguna a un costarricense llamado Juan Guillermo, sino a Cachimbal, su auténtico sello de garantía política.
En Cervantes, su pueblo natal, deberían levantarle un monumento.
Publicado en la Nación el 04/05/2011. Ver aquí.
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La figura de Cachimbal merece ser analizada con más rigurosidad. Sería interesante saber la motivación de los electores cartagineses para votar por él, así como las obras específicas que se le deberían atribuir…