Hipocresía patriótica.

Hoy, los grupúsculos políticos, sin sentido propositivo, languidecen en el pasado.

El fracaso de la actual autoproclamada “izquierda” en Costa Rica, de tintes “nostálgicos”, “patrióticos”, “éticos”, “prístinos” y “progresistas”, no requiere un profundo análisis para su comprensión. Es más, se infiere de nuestro hoy sobrepoblado sistema de partidos.

Promiscuos liderazgos. La amplia diversidad de movimientos sociales, ecologistas, sindicales, culturales, intelectuales entre otros, que logran aglutinar diversas fuerzas políticas con el fin de sacar réditos electorales de estos movimientos, los cuales encuentran en la heterogeneidad tanto una fortaleza como debilidad; lamentablemente, la fortaleza queda entuerta bajo el mandato de promiscuos liderazgos que se arrogan la representatividad de estos sectores y en un océano de egoísmos personalistas, naufraga lo que podría ser una alternativa real de gobierno.

Las profundas divisiones internas de esa supuesta mayoría que quisiéramos pensar, pudieran ser debidas a distintas formas de interpretar y sobre todo de afrontar los agudos problemas nacionales que sacuden nuestro entorno, no son más que debidas a elementos tan humanos como los celos, vanidad, arrogancia, incapacidad de negociación e hipocresía en admitir que detrás de su lucha contra lo que mal llaman neoliberalismo se encuentra su búsqueda por una curul.

Tanta sinceridad pudiera truncar sus caminos a una diputación, bajo el esquema de la doble postulación, que ya ha generado sus réditos a algunos excandidatos presidenciales que han terminado en Cuesta de Moras y no en Zapote, pero sobre todo acabaría por derrumbar sus alegóricos discursos de un carácter patriótico, algunos inclusive revestidos de un ligero tinte mesiánico, que los podría convertir no solo en padres de la patria, sino en mártires de esta.

Modelo de desarrollo. Por otra parte, su crítica frecuente al modelo de desarrollo puesto en práctica en nuestro país durante las últimas administraciones, se resume en eso: critica ante todo, pues como en reiteradas ocasiones se le ha señalado a estos grupos, carecen de un sentido propositivo y en caso de presentarlo, la regresión nostálgica a fórmulas del pasado rememorando la Costa Rica de antaño descrita en la canción “Caña dulce pa´ moler…”, resulta más que anacrónica en tiempos de globalización.

No hace falta ser muy sabio, ni entendido en esto del análisis político, para ver como se configuran escenarios donde los partidos opuestos al liberacionismo, parecen más bien dejarle la mesa servida para un nuevo gobierno, y como las fuerzas que en teoría tendrían más oportunidad de desbancarlo, en un derrotismo anticipado, concentran sus energías en discusiones existenciales para ver quién ocupa verdaderamente un segundo lugar.

Publicado en la Nación el 21/08/2009.Ver aquí

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Comentarios

Como lo dices desgraciadamente partidos como el PAC, le estan dejando la mesa servida a mas de lo mismo, Otton con su arrogancia y prepotencia se hundio solo.
Ademas este pueblo aunque pida un cambio a gritos, desgraciadamente no se atreve a votar por partidos con una vision mas social, que lucrativa.

Lástima que nadie pone en la mesa lo otro, una reforma del servicio civil qué, para mí gusto, también se está “cayendo”. Me imagino que a los libertarios les da miedo perder por completo el voto de los empleados públicos…
En el fondo, es que todo el mundo quiere una Costa Rica mejor para todos… pero sin que me cueste nada, ni me pongan a bretear. Somos buenos para criticar, pero no para proponer, como vos decís. En ese sentido, los criticones son mayoría. Pero para ponerse de acuerdo y jalar parejo, ahí si que nadie se apunta. Lástima de Macaya, yo oí un poco a ese mae, y la verdad, sería totalmente votable…

Se aprovechan de la ignorancia y desesperación de la gente, que se cree la demagogia y discursos populistas que se enfocan en señalar todo lo malo de los partidos políticos tradicionales y demás problemas nacionales, pero poco hacen al pedirseles soluciones, no hay un plan de gobierno, sino de antigobierno, si bien hay una discusión sobre el fin de los partidos políticos que son superados por forma de representación como movimientos sociales, en este país esa propuesta está años luz de ser una alternativa democrática, cuando son simples trampolines para quienes son ambiciosos y no encontraron espacios en las formas tradicionales pero se motivan por un simple instinto personalista, al fin estas agrupaciones caen por el propio peso de sus egos.

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