Mundo de quimeras.

La palabra “reforma” o en su plural “reformas”, más que consecuencias lingüísticas pareciera tener repercusiones sociológicas a lo interno de nuestro engorroso trámite legislativo, a tal punto que pareciera que éste nunca dejará de tropezarse con tan infame palabra.

Podrá existir consenso en que algún tema deba ser reformado, pero pocas veces existirá consenso sobre qué específicamente debe ser lo que se reforme y nunca se llegará a consenso sobre cuál es el mejor medio para lograr tales reformas.

Vieja retórica. La evidencia empírica indica que todo aquel título que la adhiera acompañada del adjetivo “integral”, estará condenado a la postergación inmediata de cuanto busca, aunque su uso siempre se prestará para engalanar la más vieja retórica de todo partido político en campaña electoral dentro de su función como poder de la República y para seducir el oído de aquel electorado carente de memoria política, cansado de realidades, deseoso de soñar.

Administración tras administración, seguirán desfilando Comisiones Especiales de Reformas al Código Penal, Reformas Electorales, Reformas al Reglamento Interno de la Asamblea Legislativa entre otras, así como seguirán circulando cientos de proyectos de ley, circunscritos en la categoría de “reformas”, los cuales al final de un nuevo periodo presidencial, en su mayoría quedarán en nada, es decir , sus propuestas se archivarán esperando que algún diputado entrante tenga la venia de desempolvarlas (El ciclo del primer párrafo vuelve a comenzar).

Reformas necesarias. Resultará más sencillo reformar el orden constitucional, por medio de una resolución de la Sala Constitucional, que reformar el resto de las normas de nuestro ordenamiento, inclusive se pensará y tendrá más eco la posibilidad de convocar a una asamblea constituyente antes que reformar la parte procedimental de nuestra carta magna, mediante una reforma integral del Reglamento Interno de la Asamblea Legislativa que contenga entre otras cosas, reducción de plazos en el uso de la palabra, de plazos para aprobación o rechazo de proyectos de ley, de plazo para rendir informes de comisión y un aumento en el tiempo para realizar labores de control político.

De no tomarse al toro por los cuernos, seremos eternamente el país del casi-casi, descrito por Gutiérrez Saxe, siempre en la antesala de ilusiones que en su mayoría nunca llegarán a concretarse.

Publicado en la Nación el 25/12/2008. Ver aquí

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Comentarios

A pesar del tiempo que tienen para analizar las propuestas, aún así los legisladores no se toman la molestia de leer los proyectos a plenitud, entonces muchos de los que se aprueban salen defectuosos o simplemente son archivados como citas.

Peor aún, eso se viene a complementar con la eterna división de la Asamblea Legislativa. Cada uno jala para su saco o para el saco del partido. Entonces vemos que el sector opositor trata de fregar al gobierno de turno mientras que el sector oficialista trata de dejar todo mal acomodado en caso de que el siguiente gobierno sea el opositor. Y hay estamos, en ese ciclo, donde todo el mundo propone dulcemente y olvida vilmente.

Cada día irán apareciendo mas partidos políticos y nuestra Asamblea legislativa se irá atomizando más.

Y por más reformas y por más que se haga al final no se van a poner de acuerdo, lo curioso es que fue el PLUSC el que creo todos estos trámites engorrosos para afectar al que iba a llegar al poder, y si no me equivoco fue el PLN, si me equivoco me corriges.

Nuestra sociedad se trono muy compleja y ahora lo quieren solucionar con una constituyente es temerario. Lo que me pongo a pensar la mayoría de diputados nis e leen los proyectos, votaron el TLC sin leerlo, pusieron un proyecto y venía en bolívares que descaro.

Aquí lo que hay que cambiar es esa cultura política de tener diputados que verdaderamente no sirven para nada, hay diputados que jamás nadie sabe de ellos y si no es porque atropellaron a alguien o un escándalo sexual, jamás se darían a conocer.

Cambiemos lo principal, esa mentalidad subdesarrollada y que los partidos políticos pongan a personas de alto perfil para que lleguen a pensar y actuar a como se debe.

Y hago mías las palabras de Rodolfo cerdas.


Encima tenemos una grave crisis mundial. Se requería un conductor, pero se eligió a alguien que delegó en su hermano la gestión y fue incapaz de tejer un acuerdo con la oposición. Amenazados en lo externo y fragmentados y sin rumbo en lo interno, convocar a una Constituyente, o emprender reformas constitucionales de fondo, es mucho más que una ocurrencia: es una amenaza.

Es un mundo de realidades.

Saludos

¿Será que, como en el fútbol con la “Sele”, la Asamblea es un microcosmos de lo que pasa en nuestro querido país? ¿Cada quién jalando para su saco, incapaz de conciliar a menos que pueda sacar “algo”? Todos estamos de acuerdo en los fines abstractos, pero cuando se trata de los detalles, ahí si es cierto que la chancha tuerce el rabo…

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