Abr
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Ríos de tinta se han escrito a lo largo de la historia sobre la definición de los “partidos políticos”, sobre su historia, su evolución, sus funciones y su rol fundamental en el desarrollo del sistema democrático contemporáneo.
Sin embargo dar una definición de partidos políticos no es simple y posiblemente nunca lo será, decía Norberto Bobbio aquel jurista, filósofo y politólogo italiano “Todos los partidos políticos presentan características notablemente diferentes, en sus actividades concretas, en su desarrollo en distintos lugares y tiempos, como en términos de estructuración organizativa que ellos mismos han asumido”
Todas estas distinciones entre partidos políticos, no obstante coinciden en un único y universalmente compartido objetivo, conseguir el mayor apoyo posible en las urnas el día de la elección, objetivo que si bien resulta fundamental para el éxito de los mismos, no debe ser el único ateniente a un partido político.
Los partidos políticos deben ser “escuelas de gobierno” donde las personas con aspiración a desempeñar cargos públicos, no sólo encuentren apoyo en sus campañas, o en la presentación de su candidatura, sino también conocimientos y entrenamiento que le aseguren un desempeño eficiente y conforme a la legalidad democrática en el cargo que finalmente obtengan, pues son ellos quienes tienen la responsabilidad del reclutamiento y el entrenamiento de nuestros futuros gobernantes.
Además, la calidad de nuestros gobernantes, en los distintos niveles del Estado, depende en gran medida de la calidad de los partidos políticos.
No obstante, los partidos políticos en Costa Rica, pocas veces pueden catalogarse como tales, son más parecidos a una maquinaria electoral descrita por Daniel Oduber, que a un propio partido político, pues constantemente despilfarran todo su presupuesto en campaña y a la hora de capacitación, no gozan de los recursos económicos suficientes para llevarlas a cabo.
Así que no es de extrañar que según en Latinobarómetro 2007, los partidos políticos sean la institución que genera menos confianza entre la población de la región, ni es de extrañar que Costa Rica se ubique en la posición 12 de un total de 18 países, en cuanto a la confianza hacia los partidos políticos, 5 puntos porcentuales por debajo de la media latinoamericana.
Mientras tanto aquí en Costa Rica los partidos políticos discuten sobre la financiación de los mismos, el aporte estatal y hasta las contribuciones privadas, para los gastos político-electorales de cara al 2010, cuando la discusión no debería centrarse tanto el monto, sino en la distribución del presupuesto, a lo interno de sus estructuras.



