Oposición y construcción.
Oportunidad para enmendar yerros y recuperar aciertos.
Mal de aquellos que no saben distinguir entre la oposición y la construcción. Mal de aquellos que amenazan con no dar su voto, con no permitir que se logre el quórum o con miles de mociones de forma y no de fondo; todo con tal de robar un espacio en la portada de los diarios o de algún medio televisivo.
Mal de aquellos que arremeten contra los diputados de su propio partido, pues los acusan de ser condescendientes con el Gobierno, abandonando su labor de control político. Mal de aquellos que no entienden que la oposición y la construcción no deben contraponerse. Mal de aquellos que no están conscientes de que las decisiones que toman en sus partidos les pueden acarrear un enorme costo político en el futuro.
Mal de aquellos que castigan el sentido común y el respeto a la voluntad popular del pueblo, de una diputada de su propio partido, achacándoselo a la juventud, novatada o inexperiencia. Mal de aquellos que creen que el filibusterismo parlamentario no constituye un irrespeto a nuestro sistema democrático, sino más bien una legítima defensa a los más altos intereses de la patria.
Mal de todos tener diputados que frenan el progreso de nuestro país, que irrespetan la voluntad popular, consumen nuestros recursos –los impuestos–, que no se dignan cerrar la página del referéndum y discutir los temas apremiantes.
Publicado en la Nación el 09/02/2008. Ver aquí
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