¿Estaba realmente el TLC escrito en piedra?

La pregunta que da titulo a este artículo ha sido sin duda alguna, una de las más importantes interrogantes que ha conmocionado la vida político electoral de nuestro país desde inicios del año 2005.

Hoy todavía recuerdo la polémica causada por aquella famosa afirmación del Presidente de la República quien dijo ”El TLC está escrito en piedra” luego de que el eterno candidato de oposición el señor Ottón Solís Fallas, se atrevió a realizar una gira a los Estados Unidos de Norteamérica para hablar con asesores de los asesores de los asesores de los congresistas estadounidenses, solicitándoles una renegociación del famoso Tratado de Libre Comercio que el pueblo de Costa Rica decidió ratificar el pasado 7 de octubre, a pesar del dolor que esto pueda causarle algunos de los que hoy se niegan o se negaron en primera instancia a aceptar tal resultado.

Aunque en los primeros días del mes de octubre del presente año se dio por fin una respuesta contundente por parte de la Ministra de Comercio Exterior del gobierno norteamericano Susan Schwab y una carta del propio presidente de ese país George W. Bush, a la pregunta que lanzo al inicio de este articulo, descartando la posibilidad de renegociar un Tratado de Libre Comercio con Costa Rica y enfatizando la incertidumbre imperante sobre las preferencias otorgadas al país mediante la Iniciativa para la Cuenca del Caribe.

No puedo dejar de lamentarme el ¿por qué? Esta respuesta que hoy corrobora que efectivamente el TLC estaba escrito en piedra y que esa famosa frase no fue una declaración arrogante sino más bien sabia de nuestro presidente, tardo tanto en llegar.

Todo lo anterior me lleva a preguntarme ¿En algún momento el TLC fue renegociable? ¿Si el TLC nunca fue renegociable porqué decirlo hasta ahora? Acaso no ven ustedes lectores que el mito de la renegociación dio vida a un partido que amparado en su código de ética, baso prácticamente todo su sustento ideológico y electoral de cara al 2006, en una renegociación que nunca existió.

El mito de la renegociación permitió consolidar una tercera fuerza política en la vida política nacional, que escudándose en la mentira, engañando al pueblo que vio en las elecciones de 1998, el surgir de un partido que decía ser diferente a los demás, al autoproclamarse libre de codicia, de corrupción y comprometido con los intereses del pueblo de Costa Rica, no con los intereses de la figura personalista fundadora del mismo.

Hoy me pregunto ¿dónde quedaron estos nobles intereses que el Partido Acción Cuidadana tomo por bandera en sus inicios?

Bien dijo Robert Michels en su famosa Ley de Hierro de la Oligarquía “En las organizaciones políticas cuyos fines son democráticos, surgen con toda probabilidad, estructuras oligárquicas que desvían a las organizaciones de los medios y los fines de la práctica democrática”, así que juzguen ustedes.

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