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    Candidato, partido y programa.

    En un grato artículo publicado en los últimos días en este diario (Página Quince , 9/1/10), uno de mis exprofesores, el politólogo y administrador Johnny Meoño, se ha preguntado sobre el valor que le confieren tanto los candidatos presidenciales como los electores a los programas electorales.

    Sin embargo, en cualquiera de estos dos escenarios la respuesta a tal interrogante no parece ser muy alentadora. En el caso de los candidatos, según expresa el propio Meoño, se ha podido constatar que “(…) la oferta de diagnósticos y propuestas siguen partiendo de un incomprensible e inaceptable vacío constitucional y legal”; e inclusive el poco esfuerzo destinado a la elaboración de sus planes de gobierno ha quedado al descubierto, cuando se ha intentado justificar un plagio mediante un error en el uso de citas y comillas.

    En el caso de los electores, la situación no parece distar mucho. Haciendo un breve análisis y repaso del comportamiento electoral de los votantes en los últimos procesos electorales, se puede observar que los programas electorales se ubican como el tercer factor en importancia, de parte del elector, a la hora de emitir su voto, muy por debajo del candidato y el partido, situados en el primero y segundo lugares respectivamente.

    En febrero del 1998, un estudio realizado por Unimer, el propio día de las elecciones, señaló que el factor más importante para el electorado a la hora de emitir su voto fue el siguiente: candidato 37%; partido 25%; programa 19%; promesas de campaña 12%.

    En febrero del 2002, la historia prácticamente se repitió. Un estudio realizado el propio día de las elecciones por la misma casa encuestadora, lanzó prácticamente los mismos resultados de 4 años atrás: candidato 37,3%; partido 20%; programa 19,7%; promesas de campaña 13,1%.

    En febrero del 2006 surgieron varios elementos, aunque no en una encuesta profesional, para reforzar esta tesis, pues la antipatía generada por un determinado candidato más que el partido político al que representaba, se sabe que fue uno de los principales factores tomados en cuenta por los electores a la hora de emitir su voto, por encima de variables como preferencia por un candidato, partido o programa electoral.

    Este triste fenómeno, sobre el cual no se tiene mayor esperanza de que vaya a cambiar, solo denota el carácter personalista de nuestras agrupaciones políticas, hundidas, primero, en estrategias de márquetin que tratan al candidato como si este fuera un producto comercial cualquiera, y segundo, en una precaria cultura política nuestra que privilegia todos estos elementos por encima de los programas electorales sobre los cuales luego se pretende exigir cuentas.

    Publicado en la Nación el 14/01/2010.Ver aquí.

    Publicado en HablaCostaRica el 14/01/2010.Ver aquí.

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    Partidos personalistas.

    La prevalencia del candidato presidencial por encima del partido político que representa, es un fenómeno normal dentro la cultura política latinoamericana tristemente caracterizada por esquemas patriarcales de gamonales, cacicazgos, militares y caudillos.

    En el marco de crisis y caída del bipartidismo tal fenómeno se ha venido acentuando, los partidos políticos como instituciones garantes del sistema democrático se enfrentan a una terrible crisis de legitimidad con consecuencias insospechadas, las cuales en otras latitudes lamentablemente han permitido el surgimiento de descomunales líderes al servicio del populismo, quienes han ejecutado el exterminio del sistema de partidos, para consolidarse ad perpetuam en el poder.

    En Costa Rica este fenómeno no es ajeno, aunque por ahora afortunadamente sus consecuencias no son de tal magnitud. Sin embargo, el carácter personalista de nuestras agrupaciones merma la consolidación de estructuras partidarias estables a largo plazo y conlleva a cíclicos reacomodos de las principales fuerzas políticas en un sistema en el cual la prestación de candidaturas a cargos de elección popular se encuentra reservada al monopolio de los partidos políticos.

    Las respuestas a interrogantes como: ¿Qué sería de nuestros principales partidos políticos sin sus figuras claves? Del PAC sin Ottón Solís, del ML sin Otto Guevara, del PUSC sin Rafael Ángel Calderón? ¿Qué habría sido del PLN en 2006 sin Oscar Arias? Señalan la prueba fáctica de lo endeble de nuestras estructuras partidarias por sí mismas.

    Haciendo un repaso de los últimos 4 procesos electorales, la situación no parece distar mucho de lo expresado en párrafos anteriores.

    -En febrero de 1998 un estudio realizado por Unimer el propio día de las elecciones, señaló que el factor más importante para el electorado a la hora de emitir su voto fue el siguiente: Candidato 37%; Partido 25%; Programa 19%; Promesas de campaña 12%.

    -En febrero de 2002 la historia prácticamente se repitió, un estudio realizado el propio día de las elecciones por la misma casa encuestadora, lanzó prácticamente los mismos resultados de 4 años atrás: Candidato 37,3%; Partido 20%; Programa 19,7%; Promesas de campaña 13,1%.

    -En febrero de 2006 existieron varios elementos aunque no encuesta conocida para reforzar esta tesis, entre ellos la antipatía generada por un determinado candidato más que el partido político al que representaba, permitiendo artificialmente a otro candidato presidencial ser mucho más fuerte que su propio partido. ¿Cuántos de los que votaron por Ottón Solís en 2006, votarán por él en 2010?

    -En setiembre de 2009 a 5 meses de realizarse un nuevo proceso electoral una encuesta realizada por la empresa Unimer para La Nación, indicó que un 63% de los costarricenses consideran “clave” al postulante al momento de decidir su voto, así como un artículo de este mismo diario del 1 de noviembre, El País, página 5 A, ”Candidatos marginan a sus partidos en publicidad”, es incisivo en señalar como los mensajes electorales omiten nombres de las agrupaciones.

    Consecuencia de lo anterior, nuestros partidos exhiben una debilidad como estructuras estables consolidadas, marcando una precaria posición, en la que si obtienen una victoria, su base inicial de apoyo tiende a erosionarse o a desaparecer tan fácilmente como la de una figura de la farándula y en caso de ser derrotados su resultado electoral en un proceso anterior, no es garantía de un resultado similar en un nuevo proceso, si su popularidad ha disminuido por su malogrado actuar como oposición.

    Por tanto, en momentos en los que nos preparamos para enfrentar un nuevo proceso electoral, conviene reflexionar a los partidos políticos sobre este importante fenómeno, el cual se encuentra estrechamente ligado a otros, como la ausencia de las lealtades partidarias, la quiebra del voto entre elecciones presidenciales vs legislativas, surgimiento de outsiders, debate sobre listas abiertas, manejo de publicidad, entre otros. Así como aprovechar esta coyuntura para reforzar las estructuras partidarias que las acuerpan, dejando de ser simplemente maquinarias electorales, buscando ser verdaderos partidos políticos.

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    Las lecciones de Maquiavelo y Savater.

    En la política existen dos claras dimensiones ético filosóficas que procuran la determinación de nuestro proceder: el deber ser, asociado por lo general a un comportamiento políticamente correcto, desde una óptica deontológica e idealista; y el ser, asociado por lo general a un comportamiento políticamente incorrecto, desde una óptica teleológica y realista.

    Maquiavelo quien logró por primera vez deslindar los ámbitos de la política y la ética, calificándolas como dos esferas autónomas e independientes, advertía sobre cuán inconveniente pudiese resultar tal ruptura, la cual podría ser erróneamente interpretada como la eliminación de todo principio ético dentro del juego de la política, cuando por el contrario únicamente pretendía señalar que el apego dogmático a este tipo de principios imposibilitaría la comprensión de las relaciones de poder, las cuales determinan los siempre variables tiempos y comportamientos políticos de la sociedad.

    Esta errónea interpretación aunada a malversación de los fines de la política, ha permitido, no que la ética regrese a la política tal como pregonan algunos partidos políticos en nuestro contexto, pues ésta verdaderamente nunca se ha marchado de ella, pero sí que ésta se convierta como ha señalado Savater, “…en arma arrojadiza y munición destinada a pegarle buenos cañonazos al prójimo en su estima…”, cuando lo prudente en realidad ha señalado este autor es, “…desconfiar de quienes creen que su santa obligación consiste en lanzar siempre rayos y truenos morales contra la gente en general…”.

    La desconfianza entonces es sinónimo de prudencia, tanto para el gobernante como sus gobernados, pues según Maquiavelo, “…un príncipe prudente no puede ni debe mantenerse fiel a su palabra cuando tal fidelidad redunda en perjuicio propio y han desaparecido las razones que motivaron su promesa”; y según Savater “…si confiásemos menos en ellos desde el principio, no tendríamos que aprender a desconfiar tanto de ellos más tarde”.

    El conocimiento de estas valiosas lecciones, supone comprender que la política probablemente no es lo que debería ser, por lo cual mirarla siempre desde los ojos de la desconfianza y el realismo, constituye más que un sano ejercicio una cura contra la ingenuidad, así como remedio a posteriores resacas de frustración y desenfado, tanto en electores como en algunas lastimeras figuras de representación nacional tan comunes en éstos días.

    Publicado en la República el 07/11/2009. Ver aquí

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    Hipocresía patriótica.

    Hoy, los grupúsculos políticos, sin sentido propositivo, languidecen en el pasado.

    El fracaso de la actual autoproclamada “izquierda” en Costa Rica, de tintes “nostálgicos”, “patrióticos”, “éticos”, “prístinos” y “progresistas”, no requiere un profundo análisis para su comprensión. Es más, se infiere de nuestro hoy sobrepoblado sistema de partidos.

    Promiscuos liderazgos. La amplia diversidad de movimientos sociales, ecologistas, sindicales, culturales, intelectuales entre otros, que logran aglutinar diversas fuerzas políticas con el fin de sacar réditos electorales de estos movimientos, los cuales encuentran en la heterogeneidad tanto una fortaleza como debilidad; lamentablemente, la fortaleza queda entuerta bajo el mandato de promiscuos liderazgos que se arrogan la representatividad de estos sectores y en un océano de egoísmos personalistas, naufraga lo que podría ser una alternativa real de gobierno.

    Las profundas divisiones internas de esa supuesta mayoría que quisiéramos pensar, pudieran ser debidas a distintas formas de interpretar y sobre todo de afrontar los agudos problemas nacionales que sacuden nuestro entorno, no son más que debidas a elementos tan humanos como los celos, vanidad, arrogancia, incapacidad de negociación e hipocresía en admitir que detrás de su lucha contra lo que mal llaman neoliberalismo se encuentra su búsqueda por una curul.

    Tanta sinceridad pudiera truncar sus caminos a una diputación, bajo el esquema de la doble postulación, que ya ha generado sus réditos a algunos excandidatos presidenciales que han terminado en Cuesta de Moras y no en Zapote, pero sobre todo acabaría por derrumbar sus alegóricos discursos de un carácter patriótico, algunos inclusive revestidos de un ligero tinte mesiánico, que los podría convertir no solo en padres de la patria, sino en mártires de esta.

    Modelo de desarrollo. Por otra parte, su crítica frecuente al modelo de desarrollo puesto en práctica en nuestro país durante las últimas administraciones, se resume en eso: critica ante todo, pues como en reiteradas ocasiones se le ha señalado a estos grupos, carecen de un sentido propositivo y en caso de presentarlo, la regresión nostálgica a fórmulas del pasado rememorando la Costa Rica de antaño descrita en la canción “Caña dulce pa´ moler…”, resulta más que anacrónica en tiempos de globalización.

    No hace falta ser muy sabio, ni entendido en esto del análisis político, para ver como se configuran escenarios donde los partidos opuestos al liberacionismo, parecen más bien dejarle la mesa servida para un nuevo gobierno, y como las fuerzas que en teoría tendrían más oportunidad de desbancarlo, en un derrotismo anticipado, concentran sus energías en discusiones existenciales para ver quién ocupa verdaderamente un segundo lugar.

    Publicado en la Nación el 21/08/2009.Ver aquí

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    Donaciones de sociedades en campañas electorales.

    El financiamiento privado de los partidos políticos tiende, por lo general, a observarse como un tipo de financiamiento mucho más deseable que el de carácter público proveniente de la deuda política, por una serie de razones, a saber: mayor equidad en la competición electoral, menor burocracia y, sobre todo, menores mecanismos de control.

    Nuestro actual Código Electoral regula únicamente por medio del artículo 176 bis todo lo concerniente al financiamiento privado, de modo superficial sin tener en cuenta todas sus ramificaciones y bemoles. Debido a lo anterior y pese a que el Código Electoral vigente prohíbe que personas físicas y jurídicas extranjeras participen en el financiamiento de las campañas electorales, al permitir que personas jurídicas nacionales puedan contribuir a las campañas políticas, se deja abierto el portillo legal para que personas físicas extranjeras interesadas en financiar determinados actores políticos para la obtención de algún fin, constituyan sociedades nacionales, a través de las cuales puedan financiar libremente las campañas partidarias.

    Lo anterior es de conocimiento público y ha sido denunciado frente al propio Tribunal Supremo de Elecciones durante el anterior proceso de referéndum en el país, lamentablemente dicha institución atada de pies y manos por el actual Código Electoral, por tratarse de materia sancionatoria o prohibitiva, ha realizado forzosamente una interpretación restrictiva (Voto 2359-E-2007 del TSE). De modo que empresas y grupos económicos extranjeros constituidos bajo la legislación nacional, han podido contribuir ampliamente a las campañas políticas, incluso apoyando a más de uno de los partidos políticos sujetos a la contienda, tal como sucedió en las elecciones de 2002 con el Grupo Pellas.

    Sin embargo conviene reflexionar introspectivamente sobre el tema, a priori se podría juzgar como anómalo el subterfugio descrito en el párrafo anterior, el cual sin lugar a dudas representa una importante afrenta en contra de la democracia y los fines de la representación. No obstante, el simple hecho de permitir a personas jurídicas contribuir al financiamiento de campañas electorales, no es lo insano ni pudiera ser el centro del debate que hoy enfrenta al Partido Liberación Nacional en compañía de algunos diputados minoritarios contra las bancadas del Partido Acción Ciudadana, Movimiento Libertario, Unidad Social Cristiana, Frente Amplio y el propio criterio del Tribunal Supremo de Elecciones.

    Considerar que el tema sustancial versa sobre el poder y no sobre el cómo, podría estar conduciendo a un debate que no llegará a ningún puerto, pues como han señalado algunos diputados liberacionistas, recibir este tipo de donaciones no es algo negativo si se realizan de forma transparente, mediante adecuados mecanismos de control, como podrían ser: exigir una certificación notarial con vista en el registro de accionistas, en la cual se indique quienes son los socios participantes en dicha empresa, como requisito para recibir contribuciones por medio de personas jurídicas. Incluso, si dentro del capital accionario de la empresa postulante figura otra persona jurídica, presentar obligatoriamente una certificación del capital accionario de esa otra empresa, hasta dar con los socios que la integran, de la misma forma que sus Juntas Directivas.

    La solución planteada, acompañada de otras reformas, como establecer un tope en este tipo de contribuciones ― dado que el objeto legal de las empresas privadas no es realizar actividades sin fines de lucro, sino justamente actividades de índole lucrativa ― no necesariamente implicaría un sacrificio de la transparencia como lo ha señalado el Presidente del Tribunal Supremo de Elecciones días atrás y por el contrario, podría significar una alternativa a considerar para finiquitar la urgida discusión del proyecto de reforma al Código Electoral (expediente 14.268).

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    Matemática electoral.

    El padrón electoral de nuestro país hasta el pasado mes de abril, se encontraba compuesto por 2.773.126 electores, según datos del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Lamentablemente, según la última encuesta de Unimer (en mayo), el 54% de los ciudadanos dice no simpatizar con ningún partido político, lo que equivaldría aproximadamente a 1.497.488 personas, de que se desconoce si en febrero de 2010 se convertirán al abstencionismo.

    La evidencia empírica de procesos electorales anteriores nos indica que la antipatía a un candidato o a una fuerza política determinada puede inclusive ser un factor mucho más importante que la empatía partidaria; además, esta última puede ser superada por el carisma de un candidato(a). ¿Quiénes son más fuertes los candidatos o los partidos que los respaldan?

    Simpatizantes y adherentes.Sobre las convenciones, el Dr. Rodolfo Cerdas ha señalado “Compararlas puede engañarnos, porque de nombre igual, es diferente su naturaleza.”, (Ojo crítico, 14/06/09). Pero claro está que cualquiera de las fuerzas políticas que desee hacerse con la presidencia en febrero de 2010, necesitará no sólo de sus militantes y adherentes sino también de sus simpatizantes y lo triste de esas diferencias, es que posiblemente en la convención del PLN pudieron haber votado más simpatizantes del PAC que en la convención de éste partido.

    Mientras en el PLN en cifras absolutas votaron 520.266 personas, en el PAC solo votaron 22.450, lo que equivale en cifras porcentuales al 18,76% y 0,81% del padrón respectivamente. En cuanto a los candidatos en cifras porcentuales ordenadas de mayor a menor, este fue el orden de nuestros precandidatos: Chinchilla 10,32%; Araya 8,74%; Solís 0,58%; Berrocal 0,54%; Campbell 0,15%; Macaya 0,08%.

    Ahora, para febrero de 2010, el panorama será muy distinto; todos tendrán libertad de votar ya sea por el partido o candidato con el que rivalizan o simpatizan. Actualmente, se desconocen los porcentajes de cuántos electores que en aquel momento votaron por equis precandidato de un partido lo harán en un futuro por el candidato de este. Además, la invención de nuevos y eventualmente el resurgimiento de viejos partidos, podrían convertirse en importantes “turecas” que tengan función en beneficio o detrimento del PLN y PAC.

    Pero sobre todo los porcentajes dichos anteriormente no serán obtenidos con base en el padrón, sino en el total de votos emitidos, el cual se obtiene de la diferencia del padrón y el abstencionismo. Este último podría rondar el 31,8%, lo que equivaldría al pasado mes de abril a 882.686 personas, al promediarse el porcentaje de abstencionismo de las primeras rondas de 1998, 2002 y 2006.

    La sombra del abstencionismo. Es decir votarían 1.890.440 personas, con lo cual le bastaría al partido ganador la obtención de 756.176 votos para cumplir con el 40% del número total de sufragios válidamente emitidos, establecido en el artículo 138 de nuestra Constitución Política. El abstencionismo se convierte así en un incentivo que premia la mediocridad de nuestros partidos políticos, a los cuales poco les importa su grado de legitimidad.

    En un país donde la población supera los 4,4 millones de personas, no podemos permitir que la sombra multitudinaria del abstencionismo nos enlute, reduciendo nuestra democracia, pues es esta es la que realmente necesita de nuestro voto.

    Publicado en la Nación el 19/06/2009.Ver aquí

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    Responsabilidad presupuestaria.

    La incomprensión legislativa del principio fundamental de la economía, como lo es el estudio del modo en que la sociedad gestiona sus escasos recursos ante una cantidad ilimitada de necesidades, adquiere particular importancia cuando este tipo de recursos es de carácter público, y sobre todo en tiempos en los que la crisis financiera mundial sacude económicamente a Costa Rica.

    Dice un adagio que “Gobernar es administrar”. Esto implica que quien procure realizar el buen gobierno, debe administrar los recursos públicos con un alto grado de responsabilidad, ética y previsión, pues con ellos el Estado deberá solventar infinitas demandas con grados de complejidad y diversificación de funciones cada vez mayores.

    Proyecto durmiente. En esta línea, hace casi un año se presentó, a la corriente legislativa, un importante proyecto de ley, expediente N.º 17.068. Con este se procura incluir el principio de responsabilidad presupuestaria mediante una reforma parcial del reglamento de la Asamblea Legislativa; pero, tristemente, el proyecto descansa en el sueño de los justos, al igual que otra enorme cantidad de reformas necesarias para devolver la gobernabilidad a nuestro país.

    Dicho proyecto tiene la finalidad de establecer una sana práctica legislativa tomada del derecho comparado de países como Chile, Nicaragua, Perú y Venezuela, la cual consiste en determinar previamente el cálculo de gastos requeridos para una inversión eficiente que impulse y lleve a buen término los proyectos que se propongan, sin dejar este apartado al libre albedrío del Estado, el cual en muchos casos no halla dinero suficiente para satisfacer la ejecución de un sinnúmero de iniciativas.

    Lamentablemente, mientras los diputados sigan siendo evaluados por la opinión pública bajo criterios como número de proyectos de ley presentados a la corriente legislativa; totalidad de leyes aprobadas durante sus cuatro legislaturas; cantidad de apariciones en medios de comunicación, todo esto sin tener en cuenta la calidad de las mismas y la aplicación efectiva de lo dispuesto por ellas, seguiremos siendo un país sumergido sólo en la discusión de quimeras.

    Publicado en la Nación el 28/05/2009.Ver aquí

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    La calidad de la educación de la UCR.

    No es la injusticia la finalidad de este escrito, ni la desvalorización de los logros de mi Alma Mater de la cual podría escribir ríos de tinta sobre su prestigio y su gloria, pero frecuentemente me invade el temor de que estos ríos dentro de unos años tornen su cauce en riachuelos, por lo que me veo obligado a señalar algunos lunares que pueden degenerar en cancerígenos.

    En reiteradas ocasiones durante mi periodo como estudiante, me he preguntando ¿Será la mala suerte compañera inseparable en mi elección de horarios que azarosamente me designa pésimos profesores, o la calidad de la educación en la UCR parece marchar en notorio detrimento? La suerte coincidente de varios amigos y allegados, me ha sugerido una posible fatídica respuesta, la cual considero, al igual que las autoridades de ese centro académico, me he negado a aceptar.

    Comparto algunas experiencias personales que invitan a reflexionar sobre la calidad de la educación en la UCR, en tres áreas puntuales:

    Profesores. En tiempos de la discusión del referéndum, tuve el infortunio de cruzarme con un profesor que sostenía la hipótesis de que sólo podían existir dos actitudes posibles ante el TLC: a) Los que se manifestaban en contra a dicho acuerdo, y b) Los que se encontraban equivocados y/o manipulados de manera perversa para ser sutilmente conducidos a la equivocación. ¡Vaya exquisitez de tolerancia y ejemplo! Si el objetivo primordial de la educación superior que adopta el nombre de Universidad precisamente por la universalidad de las ideas que de sus estudiantes surjan para enfrentarse en un sano debate ha quedado sepultado bajo el déspota designio de una opinión personal.

    Estudiantes. La insensatez y la insolencia de los años mozos que por lo general acompaña a algunos de los que abarrotan las aulas universitarias, se imponen al espíritu crítico y propositivo que debería de reinar en un centro académico, algunos desperdician años entre la calle de la amargura, el pretil y entre protestas contra el sistema capitalista, el cual les ofrecerá trabajo en el lustro en el que decidan graduarse.

    Administrativos. Cuando estudiantes opinan que la oficina de Registro es el instrumento de tortura más refinado inventado por el ser humano, no hay mucho más que decir. Cada visita representa una prueba de la tolerancia y la paciencia ante la realización de cualquier diligencia.

    Sobran los ejemplos para ilustrar estas 3 áreas, desde una burocracia excesiva para realizar el mínimo tramite, ausencias injustificadas y reiteradas de los profesores, hasta estudiantes fuera del dominio de sus sentidos durante las clases, entre muchos otros.

    Estos por mencionar pocos, son indicativos que nuestra educación superior no marcha bien, antes de analizar quien es el más culpable o endilgarle la culpa al gobierno por el porcentaje que destina a la educación, mucho se debería reflexionar hacia lo interno en estas tres importantes áreas, pues de la calidad de la educación todos somos responsables.

    Publicado en la Nación el 21/04/2009. Ver aquí

    Publicado en la Revista Democracia Digital Diario del 22 al 29 de abril del 2009.

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    Una atinada predicción.

    Hace aproximadamente un año (Foro, 25/4/08) el abogado Juan José Echeverría Alfaro en su artículo “Designando al vicepresidente” se anticipaba con sapiencia descifrando el escenario que se podría experimentar de cara al 1° de mayo del 2009, en lo que prácticamente ha resultado una lectura inequívoca del panorama político a unos días de celebrarse dicha designación.

    En aquella oportunidad, se contemplaban algunos elementos de forma general que podrían ser el condimento en la elección de un nuevo directorio legislativo, entre ellos: la inexistencia de un G-38 traducido en un grupo importante de legisladores unidos en torno a una agenda que impulsar; una decreciente influencia del poder ejecutivo en la designación comparado con legislaturas anteriores; y la escarnecida lucha entre precandidatos en la búsqueda de ganar la candidatura de su partido, principalmente en la bancada oficialista, la cual se encuentra dividida entre arayistas, lauristas, indecisos y el caso neutral de Francisco Antonio Pacheco por ocupar también el cargo de presidente del Partido Liberación Nacional, lo cual puede ser un factor que puede actuar tanto a favor como en contra.

    Aunado a lo anterior, se deben añadir nuevos elementos, éstos más humanos que políticos, pero no por ello menos importantes, al ser el ejercicio de la presidencia del Congreso una actividad de convivencia entre pares, en la cual simpatías personales, celos profesionales, resentimientos y animadversiones entre otras sandeces pueden jugar un rol fundamental en la primera de las sesiones del primero de mayo, en el cual, en el peor de los casos, se podría convertir en un “mayo negro”.

    Don Francisco Antonio Pacheco no la tendrá fácil para hacer historia este venidero 1° de mayo, al buscar convertirse en el primer costarricense en ocupar cuatro veces de manera ininterrumpida la presidencia de la Asamblea Legislativa, deberá negociar no sólo a lo interno de su agrupación su candidatura con otros aspirantes potenciales a la presidencia del Congreso, como las diputadas Ofelia Taitelbaum, Maureen Ballestero y el diputado José Luis Valenciano — ex presidente de la Asamblea Legislativa, 1988–1989 —; sino con otras bancadas entre ellas el ML y el PUSC, donde diputados que las componen ya han expresado su disconformidad en la forma que dirige el debate el actual presidente legislativo.

    Nada se puede presagiar con certeza para este 1° de mayo, el cual será uno de los más importantes de nuestra historia, como se vaticinó meses atrás, tanto por la posibilidad de la elección de Don Francisco Antonio Pacheco como por la latente posibilidad de un “mayo negro”.

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    Reelección legislativa inmediata.

    La carrera parlamentaria entendida como la reelección inmediata de los señores (as) diputados de la Asamblea Legislativa, es sin lugar a dudas una importante reforma electoral en aras de reducir la imperecedera preocupación denominada ingobernabilidad.

    Costa Rica y México son los únicos países que proscriben este tipo de reelección, reforma la cual ad portas encontraría un ínfimo respaldo por parte de un electorado cada vez más descontento con el papel de nuestro entrabado congreso.

    Sin embargo, la reelección inmediata de legisladores, a posteriori no parece resultar una idea completamente descabellada, como quizás se pueda pensar inicialmente, pues esta reforma acuerpada por algunas otras podría generar una serie de incentivos en los electores, entre los que se destacan: una mayor rendición de cuentas, una mejora en la calidad profesional del poder legislativo y por ende una sustancial mejora en su eficiencia.

    El planteamiento de esta idea no puede endosársele completamente al ministro de la presidencia Don Rodrigo Arias, quien en una reciente actividad realizada en la Asamblea Legislativa, en compañía de los presidentes de los poderes de la república ha pretendido rescatarla del sosiego, aunada a otra serie importante de reformas de carácter constitucional a ser tomadas en cuenta en una eventual Asamblea Constituyente.

    En la primera legislatura de la administración 2002-2006, se inició la discusión del expediente 13.376, Reforma del artículo 107 de la Constitución Política, el cual perseguía la misma finalidad, aunque en aquella ocasión no se acompañaba de otras reformas en mejora de dicha iniciativa, como incremento en el número de escaños legislativos, restructuración territorial que devuelva al legislativo su facultad representativa, la cual actualmente se ve reducida a una función delegativa, aunque continua sin profundizarse con el escabroso tema de las listas abiertas, el cual causa terror en el seno de las estructuras partidarias, sólo superado por el tema del financiamiento privado o coyunturalmente por el de doble postulación.

    Lamentablemente dicha reforma sólo es parte del eslabón de una serie de ellas, que como bien ha señalado el magistrado y presidente del Tribunal Supremo de Elecciones, Luis Antonio Sobrado podría ser víctima de un debate mal planteado ¿Reformas parciales o Constituyente? Sin explicar previamente el proyecto político que se busca y en qué medida las normas vigentes lo obstaculizan. Todo esto en un año electoral, que deja de estar en ciernes y empieza a caldear los ánimos.

    Publicado en Diario Extra el 06/06/2009. Ver aquí

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