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A 100 días de las elecciones.

Restan tan solo 100 días para la celebración de las elecciones presidenciales y legislativas de 2018, las cuales se celebrarán el próximo domingo 4 de febrero en un ambiente de enojo y desafección política, a raíz de los escándalos de corrupción de los últimos semanas por el tema del cemento.

La coyuntura al igual que en el pasado, ha marcado el proceso y definido para este caso en particular, la corrupción, como el gran tema sobre el cual empieza a girar toda la contienda, obligando a las diferentes agrupaciones nacionales a enarbolar narrativas y propuestas, algunas creíbles y otras no tanto, que lleven al electorado a decantarse por el candidato y no el partido, que prometa acabar con él ¿Será esto posible?

La definición del gran tema de una campaña siempre será clave, debido a que las posibilidades de alcanzar el poder por parte de los diferentes partidos políticos en gran medida dependerán de ello.

En razón de lo anterior, su determinación debió haber sido estratégicamente la primera gran batalla a ganar en este proceso electoral, algo que por falta de visión pocos entendieron, quizás seducidos por la oportunidad de oro que el tema del cementazo representaba para golpear al gobierno, aunque al final varios de ellos tal como indica el refrán ¡Fueron por lana y salieron trasquilados!

La corrupción lastimosamente ha invisibilizado otros temas que en su momento pudieron haberse convertido en el tema central de la campaña como empleo, pobreza, infraestructura, situación fiscal, entre otros, los cuales habrían permitido orquestar narrativas más propositivas y menos destructivas para el debate nacional, como para la democracia en sí misma, la cual pareciera por momentos también nos deja de importar.

Pretender un viraje en el tema principal de la campaña, debería ser una apuesta a estas alturas, donde ninguno de los candidatos alcanza el 40% y una segunda ronda se vislumbra con altas posibilidades de ocurrir, lo que supondría 56 días más de campaña hasta el 1 de abril, entre acusaciones que nos podrían llevar al hastío sobre ¿Quién es más corrupto que el otro?, debido a que la irresponsable generalización de que todos los políticos son corruptos tan presente en tiempos de antipolítica, ya se da por asentada.

No se trata, de no prestarle la atención del caso a estos escándalos de corrupción sin precedentes acontecidos en el país, que involucran a miembros de todos los tres poderes fundamentales de la República. Se trata de dimensionar el mismo sin politiquería y comprender que ojalá una vez superado este escándalo, requeriremos propuestas concretas sobre una infinidad de temas que estamos dejando en un segundo plano por seguir concentrados en el árbol y no en el bosque.

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Desperdiciar el tiempo y el capital político.

El reciente anuncio por parte del presidente de la República, Luis Guillermo Solís, sobre una serie de medidas para solventar la falta de liquidez del Estado, tiene desde hace varios días enfrentados a tirios y troyanos.

La discusión vuelve la mirada hacia atrás y tiene hasta el momento como punto principal del debate, determinar ¿Cuál de las últimos gobiernos es el más culpable de todos? Cuando una gran mayoría tiene claro que todos son culpables en mayor o menor grado.

De momento nadie acepta su responsabilidad, la culpa depende de la amnesia política-selectiva de unos y otros, quienes convertidos en expertos de política macroeconómica, pretenden con artículos, gráficos y hasta memes, explicarnos las causas y responsables de la crisis fiscal.

Afortunadamente, debido a la impostergabilidad para afrontar la situación, el gobierno finalmente ha anunciado que retomará viejas soluciones y planteará otras nuevas, pero lo hace ya en un contexto internacional adverso y en uno nacional marcado por ser un año electoral, el cual pareciera querer utilizar como chivo expiatorio para luego decir “lo intentamos pero la oposición no nos lo permitió”.

Al mejor estilo del “tico” el gobierno dejó todo para el final y pretende solucionar en seis meses lo que por irresponsabilidad, ingenuidad e inexperiencia, postergó de forma adrede por más de tres años, pese a los llamados de atención de algunas fuerzas de oposición y figuras de su propia bancada, que le manifestaron desde el día uno de administración, su anuencia a discutir el tema fiscal.

El gobierno perdió tiempo precioso y mandó señales contradictorias, señaló hace algunos días el director del Estado de la Nación, Jorge Vargas Cullel. Desperdició el más grande capital político con el que un mandatario ha llegado al Poder Ejecutivo (1.300.000 votos), menospreció el acuerdo nacional ofrecido por el candidato presidencial de la bancada más grande del congreso y desechó la propuesta de “Consolidación Fiscal”, que había sido elaborado por la administración anterior, luego de 5 mesas de diálogo y múltiples reuniones entre actores interesados.

Atrás quedaron también los tres años en que la coyuntura económica internacional favorecía al país – con tasas de interés bajas y precios de intercambio favorables –, hoy la viabilidad de las reformas planteadas que ahora sí urgen al gobierno, es mucho más compleja.

Estamos advertidos sobre que continuar postergando la aprobación de reformas, solo para no asumir el costo político que estas conllevan, es una bomba de tiempo, la cual tarde o temprano terminará explotando a la presente o muy probablemente a la próxima administración, por lo cual sería prudente elegir un candidato que pueda estar rodeado de un equipo con gente de experiencia y el conocimiento suficiente para hacerle frente al déficit, que no tenga que padecer los efectos de la “curva de aprendizaje”, pues “El tiempo perdido hasta los santos lo lloran”.

Publicado en: El Financiero Edición 1143

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La imagen del Presidente vs. la imagen del Gobierno.

A menos de dos meses de la convocatoria oficial a las elecciones nacionales de 2018, el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la UCR divulgó los resultados de la Encuesta de Opinión Sociopolítica realizada el pasado mes de julio, los cuales son un importante punto de partida para comprender con mayor claridad el proceso que se avecina.

Entre los resultados que más destacan se encuentra que pese a que un 75,12% considera que el rumbo del país, ese que prometieron cambiar es regular, malo o muy malo, quien prometió cambiarlo es la figura política mejor calificada del país. ¿Razones? Probablemente su histrionismo, esa habilidad innata para congraciarse con los costarricenses, tocando piano en un anuncio, bailando tango en el FIA o disfrazado según la ocasión en sus giras.

Sin embargo, cualesquiera que sean las razones, el hecho de que un presidente de la República llegue con una calificación tan positiva a su último año de gobierno, es algo de reconocer por lo extraño en nuestro contexto, debido al desgaste que estos por lo general acarrean al final de sus mandatos.

Lo anterior también tiene una relevancia fundamental para el proceso venidero, pues el proclamado sucesor del continuismo tendrá unos zapatos muy grandes que llenar en cuanto a carisma, así como responder por una gestión de gobierno de la que fue parte que actualmente es calificada con un 62,84% como regular, mala o muy mala.

El panorama a seis meses para las elecciones parece complicado para el partido de gobierno, su candidato aparece situado como tercero en las preferencias de la encuesta, porcentaje que triplica quien aparece en el primer lugar, pero lo cierto es que todavía falta muchísimo, empezando por el inicio oficial de la contienda en octubre.

El principal reto del sucesor del partido de gobierno será construir su propio capital político emocional, más que depender del de su predecesor o de la alicaída gestión de gobierno del cual formó parte. Su juventud, manejo mediático y habilidades artísticas literarias y musicales, son cualidades a explotar.

La principal incógnita probablemente será: ¿Podrá el aspirante oficialista agenciarse la popularidad del actual mandatario? La coyuntura es distinta; sin embargo, esa es su apuesta. Si los ataques le rebotan tanto como a Luis Guillermo pese al sin número de desaciertos y contradicciones, se enfila por buen camino.

Publicado en: Diario Extra 24/08/2017.

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¿Cuánto tiempo efectivo realmente tiene un gobierno?

La administración Solís Rivera recién ha superado la mitad de su gestión y ya algunos han hablado, prematuramente, de que está se encuentra en su final.

El propio presidente de la República, si bien aún no ha tirado la toalla, afortunadamente –aunque quizás de una manera tardía–, describió, el 2 de mayo, una agenda clara de prioridades que intentará –no sabemos si logrará– impulsar en esta tercera legislatura, la cual es clave para cualquier gobierno, antes que los aires electorales soplen todavía con mucho más fuerza.

Tal parece que al Gobierno se le han hecho cortos los cuatro años de su gestión; el tiempo demorado en la famosa curva de aprendizaje claramente le pasa factura.

En razón de lo anterior, el mandatario –quién parece estar consciente de esta situación– se ha atrevido a manifestarse públicamente, con valentía, a favor de uno de los temas más impopulares pero necesarios en este país: la reelección inmediata presidencial y de diputados.

El tema sin duda se las trae, pero conviene analizar el calendario político electoral de este país para percatarse de que, en gran medida, somos presa de nuestro propio sistema.

Costa Rica tiene un periodo presidencial de cuatro años, que en términos legislativos se divide por año en legislaturas, las cuales, a su vez, se dividen en dos periodos de sesiones ordinarias y extraordinarias, pero que son interrumpidos por una infinidad de asuntos particulares acontecidos tanto dentro como fuera de la Asamblea Legislativa, como las elecciones presidenciales, municipales e internas en cada agrupación; la jornada del 1 de mayo; la discusión del presupuesto de la República, entre otros.

Esta serie de sucesos, muchos de los cuales se repiten (a mi criterio) innecesariamente año con año, agregan una enorme complejidad a la Asamblea Legislativa, pero sobre todo a su relación con el Poder Ejecutivo, relación que ya, de por sí, nunca ha sido sencilla por diversas razones, como divisiones internas de las fracciones así como por el tema de egos y envidias entre diputados.

¿Cuál es el tiempo efectivo de gobierno? Restemos los primeros 100 días de acomodo de un gobierno, la parálisis de mínimo un mes (noviembre) por la tramitación del presupuesto ordinario de la República –en algunos casos se extiende también a los extraordinarios–; los recesos legislativos de fin de año (15 días en promedio y al final de cuatrienio se extiende a unos 45 días); las negociaciones del 1 de mayo que consumen prácticamente todo el mes de abril; luego la entrada del receso de Semana Santa, así como los primeros 15 días de mayo para definir la agenda e integración de las comisiones. Es un ciclo que se repite en su mayoría cada año.

A este complicadísimo calendario político-electoral debemos restarle también las elecciones municipales (ahora a medio periodo), que tientan a los diputados a tomar un receso de diciembre hasta febrero. Igualmente, está la inscripción de precandidaturas a lo interno de los partidos políticos, programada para finales de este año, que convierte la última legislatura en una de las más ineficientes, en la que solo se aprueban proyectos de bajo costo político y que culmina a mediados de diciembre para salir a receso de campaña, regresando a la paz en febrero, en caso que no exista segunda ronda.

Vale aclarar que dentro de este calvario trazado, no hemos contemplado las repercusiones a nivel de tiempo desaprovechado que tienen las frecuentes prácticas filibusteristas dentro de la Asamblea Legislativa, ni mucho menos la discusión de votos de censura a ministros, los cuales en ocasiones consumen meses, así como otros factores externos, como huelgas o manifestaciones, que paralizan al país por días y a nivel de discusión por semanas.

Es momento de pensar en grandes reformas constitucionales y legales que le devuelvan un poco de oxígeno y vida útil a los diferentes gobiernos, tanto para planificar como para ejecutar acciones.

Las circunstancias deberían invitarnos a reflexionar sobre la posibilidad de acoger periodos políticos más largos como los sexenios o bien, la reelección inmediata, así como la adopción de presupuestos bianuales o cuatrienales y, finalmente, acabar con las elecciones de directorio legislativo cada año.

Publicado en: El Financiero Edición 1076.

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¿Qué nos enseñaron las elecciones municipales?

Las elecciones municipales del pasado 7 de febrero han arrojado una serie de datos que es importante tener presente para comprender lo acontecido en este proceso.

Entre los datos más relevantes se encuentra una importante disminución del abstencionismo pasando del 72,1% en 2010 a un 64,9% en 2016, aunque algunos habríamos querido esta cifra fuera menor.

Por otra parte, parece también destacable que pese a que los partidos tradicionales PLN y PUSC, obtuvieron el 79,01 80,24% de los gobiernos locales del país (65: PLN 50 51+ PUSC 14), cinco partidos políticos lograron por primera vez una alcaldía (PNG, FA, RPSC, PASJ, PAL) y una coalición (GENTE).

Algunos partidos ganaron (PUSC +5, PNG +3 +2, FA +1, PRSC +1, PASJ , PAL +1), otros mantuvieron (PAC, Curridabat Siglo XXI, Yunta Progresista Escazuceña) o perdieron (PLN -9 -8, PASE -1, ML -2) en el número de alcaldías obtenidas en comparación con el proceso de 2010.

Sin embargo, en prácticamente todos los casos existió cambios respecto a cuales fueron las municipios donde obtuvieron el triunfo ahora en 2016. Ejemplo:

El PLN aunque logró mantenerse en el poder en 5 de los cantones con mayor electores (Alajuela, Desamparados, Cartago, San Carlos y Heredia) lo que podría ser clave para 2018, perdió 18 gobiernos locales en relación a los obtenidos en el proceso de elecciones municipales de 2010. Entre ellos destacan tres cabeceras de provincia (San José, Limón y Puntarenas), las dos primeras con figuras ex liberacionistas que fueron parte de los 31 alcaldes que lograron reelegirse en este proceso (22 de ellos del PLN).

Pérdida y reconquista de bastiones históricos. El PUSC perdió el cantón de Tilarán por primera vez en su historia, pero recuperó parte importante de su fuerza en las provincias costeras, estas últimas donde en otrora se ubicaba su principal fortaleza. Ejemplo: De los cinco nuevos gobiernos locales que ganó para 2016, cuatro de ellos se encuentran en esas provincias, tal es el caso de los cantones de Puntarenas, Osa, La Cruz y Talamanca.

Mientras tanto, los verdiblancos perdieron seis de los 17 cantones, donde nunca había perdido (San José, Mora, Acosta, San Isidro, Naranjo y Montes de Oro) pero reconquistó 10 alcaldías las de los cantones de (Alfaro Ruiz, Los Chiles, Guatuso, Jiménez, Cañas, Liberia, Aserrí Nandayure, Tilarán, Siquirres y Matina) que había perdido en 2010.

Finalmente el PAC, quien logró hacerse nuevamente con la victoria en seis alcaldías al igual que en el proceso de 2010, pero solamente logró reelegir su alcalde en el cantón de Hojancha, los otros 5 gobiernos locales se los arrebató al PLN (Moravia, Montes de Oro, Acosta, Turrialba y Palmares), resultados bastante pobres, si consideramos que es el partido de gobierno, el cual parece a la fecha demostrar, que no hay un crecimiento de sus estructuras y que el efecto arrastre es prácticamente nulo ahora que las elecciones se realizan a medio periodo.

(*) Publicación de El Financiero con resultados actualizados al 10/02/2016 a las 20h.

(**) Nota al 14-02-16: El PLN estaría perdiendo Nandyure a manos del PNG y faltó incluir el cantón de Aserrí en los cantones reconquistados por los verdiblancos.

Publicado en: El Financiero Edición 1063.

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